
DIARIO DE UN TATUADOIR: LA MUJER Y LA SERPIENTE. Uno de los Reptiles mas tatuados, su sinuosa forma y leyenda, despiertan admiración y miedo
Llevaba toda la semana con un mal presentimiento. Algo en el aire no estaba bien, como si la presión de algo oscuro se estuviera acumulando en mi estudio. A veces siento que ciertos días simplemente se cargan de una energía extraña, como si las sombras se alargaran más de lo normal, y no es casualidad que ese tipo de días caigan cuando tengo que tatuar algo que me da un poco de... superstición. Siempre he tenido algo de desconfianza hacia los tatuajes de serpientes.
No me malinterpretes, las serpientes son símbolos poderosos, fascinantes incluso, pero siempre he sentido que hay algo inquietante en ellas. Tal vez es su naturaleza dual: la belleza con la que seducen y el peligro con el que atacan. De alguna manera, me aterraba la idea de que aquellos que elegían una serpiente como tatuaje llevaban consigo una parte de esa dualidad: el poder de la transformación, sí, pero también el de la destrucción.
Así que, cuando la mujer entró aquella mañana con una mirada fría y decidida, y me pidió un tatuaje de serpiente en su brazo, no pude evitar sentir un escalofrío. Intenté disimularlo, claro, con mi actitud profesional. Hablé de la técnica, de los diseños que podía ofrecerle, pero lo cierto es que no quería tatuar una serpiente esa mañana. La superstición me rondaba.
—¿Te gustaría algo más? —pregunté, tratando de suavizar el ambiente—. ¿Quizás una flor, o algo más sencillo? No tiene que ser necesariamente una serpiente.
Pero ella, con una calma inquebrantable, me miró fijamente y dijo:
—No. Quiero una serpiente. Es lo único que puedo tatuarme.
No insistí más, pero algo en sus palabras me dio que pensar. Y aunque me encontraba nervioso, preparé los materiales. Mientras comenzaba a trazar el diseño en su piel, ella rompió el silencio y, casi como si supiera lo que estaba pensando, empezó a contarme su historia.
La mujer se llamaba Valentina, y su vida no era como la de las personas que entran en mi estudio para tatuarse simplemente por moda. Valentina había nacido en un pequeño pueblo de un país devastado por la violencia y la pobreza. A los dieciséis años, una banda de trata de blancas la había atrapado, como a tantas otras, con falsas promesas de un trabajo en la ciudad. Le dijeron que sería cantante, que su vida cambiaría por completo. Pero lo que encontró allí fue una pesadilla. Durante años, fue explotada, obligada a trabajar en condiciones horribles, tratando de sobrevivir a los abusos y las humillaciones. La banda controlaba su vida, su cuerpo y, lo peor de todo, su alma. Sin embargo, Valentina nunca perdió la esperanza. Sabía que, en algún momento, algo cambiaría.
Entonces, un día, después de meses de sufrimiento, mientras estaba recluida en un cuarto oscuro, una serpiente se deslizó por la ventana rota. La miró. Era una serpiente pequeña, pero con unos ojos brillantes, llenos de una fuerza inhumana. Valentina la observó durante horas, casi como si se estuviera comunicando con ella. En su mente, la serpiente no era solo un animal, sino un símbolo de renacimiento, de fuerza interna. La serpiente podía transformar su veneno en poder, y en ese momento, Valentina entendió que podía hacer lo mismo. Podía salir de ahí.
Esa noche, se escapó. No importaba cuánto la buscaran. La serpiente le había mostrado el camino, había abierto la puerta a su libertad. El tatuaje de la serpiente, para ella, no era solo una imagen. Era el recordatorio de su propia transformación, de la fuerza que había encontrado en su interior para escapar del infierno. La serpiente se convirtió en su guardiana, su símbolo de resistencia.
Mientras trabajaba en el tatuaje, Valentina me contaba que, después de escapar, había vivido en varios países, luchando por encontrar algo de estabilidad. A veces, se preguntaba si su vida alguna vez podría ser realmente "normal" otra vez, pero había algo dentro de ella que la impulsaba a seguir adelante. La serpiente había sido su guía, su aliada en la lucha por su libertad, y ahora, al tatuarse la imagen en su piel, quería llevarla para siempre, como un recordatorio de su fuerza y su valentía.
Cuando terminé el tatuaje, el brazo de Valentina estaba adornado con una serpiente elegantemente enroscada, su cuerpo lleno de detalles intrincados, casi como si se moviera en la piel. Un diseño tan hermoso como inquietante, con las sombras que creaban una sensación de poder contenido, de algo latente, siempre listo para surgir.
Ella se miró en el espejo, y por un momento, se quedó en silencio. No había sonrisa ni lágrimas, solo una quietud profunda. Finalmente, sus palabras fueron suaves, pero cargadas de emoción.
—Este tatuaje no es solo para mí. Es para todas las que todavía están ahí afuera, atrapadas, esperando su momento. Como yo lo hice.
La vi salir, con la misma calma con la que había entrado, pero con un brillo diferente en los ojos. Sabía que, aunque su pasado seguía pesando sobre ella, su serpiente la acompañaría siempre, un símbolo de lucha, de renacimiento y de poder.
Y a mí, me dejó con una sensación extraña en el pecho. Nunca imaginé que un tatuaje tan temido por mí pudiera llevar consigo una historia tan increíblemente profunda. Después de esa mañana, ya no pude ver las serpientes de la misma manera.o.